SHARE

Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental en Guatemala

Ensayo elaborado para Paraíso Desigual. Mayo de 2018.

Autoría: Hugo Allan García Monterrosa

Resumen [1]

La vulnerabilidad se refiere a las características de una persona o grupo para anticipar, sobrevivir y recuperarse del impacto de una amenaza natural.  Implica una combinación de factores que determinan el grado en que alguien queda en riesgo por un evento distinto e identificable de la naturaleza o de la sociedad.   El objetivo general del estudio es establecer la relación existente entre la desigualdad socioeconómica y la vulnerabilidad ambiental en Guatemala.

Las relaciones existentes entre vulnerabilidad y medio ambiente se presentan en el marco de las interacciones entre los sistemas naturales y humanos. Se parte de dos subsistemas: el ambiental y el económico-social que en su interacción se ven sometidos a cambios ecológicos, económicos, sociales o políticos y pueden tomar la forma de un shock repentino o ser producto de una tendencia de largo plazo o un ciclo estacional. Esta interacción se desarrolla en tres distintas escalas, siendo estas Micro escala, Meso escala y Macro escala en las que las personas y las diversas poblaciones están expuestas de manera diferenciada.

A nivel internacional, las correlaciones entre la desigualdad y la vulnerabilidad ambiental se observan en el análisis de problemas específicos, como la exposición ante los fenómenos naturales que causan desastres y los efectos de la desigualdad sobre la sostenibilidad ambiental.  Un aporte importante es la definición de cuatro dimensiones para el análisis de los nexos entre desigualdad y ambiente: Desigualdades de exposición, acceso, cantidad y calidad a los recursos naturales.  Desigualdades de impacto entre diferentes individuos y grupos relacionados con sus ingresos y estilos de vida.  Desigualdades en la formulación de políticas ambientales, participación desigual de individuos y grupos en las decisiones relativas a su ambiente inmediato y las Desigualdades del efecto de la política pública ambiental sobre la distribución de los ingresos y el efecto social entre individuos y grupos.

Para nuestro país se logran establecer relaciones positivas entre la Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental en algunos problemas ambientales puntuales como: el uso de leña como principal energético; abastecimiento de agua y saneamiento; acceso a tierra productiva; acceso a espacios habitacionales adecuados y la creciente vulnerabilidad a desastres provocados por fenómenos naturales.

Palabras clave: Desigualdad, Vulnerabilidad, Vulnerabilidad Ambiental.

 

 

Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental

El término vulnerabilidad es utilizado en gran variedad de campos y con significados, que aun cuando están relacionados, son diferentes en función de la disciplina y el marco conceptual del que se trate. Una de las definiciones más utilizada, refiere a la vulnerabilidad como las características de una persona o grupo para anticipar, sobrevivir y recuperarse del impacto de una amenaza natural. Implica una combinación de factores que determinan el grado en que alguien queda en riesgo por un evento distinto e identificable de la naturaleza o de la sociedad (Blaikie et al. 1996).

De igual forma, la vulnerabilidad es un concepto dinámico que implica un proceso en el tiempo, una cadena de acontecimientos que determinan el grado en el cual un sistema, subsistema o componente de estos pueden resultar perjudicados o experimentar daño debido a la exposición a un peligro o como consecuencia de un estímulo, perturbación o shock (Turner, et al 2003).  Se trata de un concepto de dimensiones múltiples, que incluye factores físicos, biológicos, políticos y socioeconómicos. Es además un concepto de difícil calificación y cuantificación, que puede ser afectado por variables endógenas y exógenas (Escobar,1999).

 

Relación entre desigualdad y vulnerabilidad

Fuente: Adaptado de Ibarrarán, 2016

Las relaciones existentes entre vulnerabilidad y medio ambiente se presentan en el marco de las interacciones entre los sistemas naturales y humanos. Se parte de dos subsistemas: el ambiental y el económico-social que en su interacción se ven sometidos a cambios ecológicos, económicos, sociales o políticos y pueden tomar la forma de un shock repentino o ser producto de una tendencia de largo plazo o un ciclo estacional.  Sin embargo, un corolario central de la vulnerabilidad ambiental es que la acción del ser humano sobre el medio ambiente no se basa en una recíproca convivencia sino en la dominación destructiva: la relación del humano con su ambiente deteriora a este último (Gómez, 2001; Esparza & Diaz, 2013).

 

El Consejo Nacional para la Reducción de Desastres CONRED de Guatemala, define la vulnerabilidad ambiental como aquella relacionada, tanto con la pérdida de la convivencia armónica del ser humano con la naturaleza por la destrucción de los ecosistemas por la acción humana, como también, por los altos riesgos que afrontan las comunidades que los explotan o habitan (CONRED, 2012).

 

El concepto de vulnerabilidad ambiental se refiere también a la posibilidad de que fenómenos naturales como tormentas, inundaciones, sequías o terremotos; afecten negativamente a los hogares, de manera física o socioeconómica. El daño provocado puede ser la pérdida de propiedad, empleo, fuentes de ingreso o vidas.  Los hogares con mayores ingresos tienen mayor resistencia, pueden absorber los impactos y mantener sus condiciones de vida.  A la vez, poseen mayor capacidad de recuperarse una vez ocurrido el evento (Rygel, et al. 2005).  Por lo que, la vulnerabilidad esta inversamente relacionada con la resiliencia y la capacidad de adaptación (CELADE, 2012).

 

La importancia de la relación entre los elementos sociales y los proporcionados por la naturaleza, es considerada por Lavell (citado en Campos-Vargas et al, 2015), como un efecto sinérgico de procesos sociales derivados de modelos globales, en los que la localización y la explotación del territorio propician su modificación y su deterioro ambiental. De esta forma, la sociedad es generadora de una nueva gama de amenazas “socionaturales”, construidas sobre los elementos de la naturaleza, pero como producto de la intervención humana asociada a la construcción de las ciudades y sus estructuras físicas, patrones sociales y culturales vinculados a sus niveles de desigualdad.

 

Para propósitos de este trabajo se entenderá la relación entre Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental, como una relación de interdependencia, una espiral ascendente de deterioro que surge, del uso no sostenible de los recursos por las actividades humanas y los crecientes niveles de contaminación; que provocan la degradación de la base natural, lo que trae como resultado un limitado acceso a bienes y servicios ambientales y la exposición al riesgo de desastres y otras externalidades globales, que amenazan la seguridad física, la salud e incluso el bienestar económico, lo cual, limita las posibilidades de las comunidades de salir de la pobreza (Bergel,1992; PNUMA, 2017).

 

Estudios relacionados con desigualdad y vulnerabilidad ambiental

A nivel internacional, los estudios que muestran las correlaciones entre la desigualdad y la vulnerabilidad ambiental se encuentran orientados al análisis de problemas específicos, como la exposición ante los fenómenos naturales que causan desastres y los efectos de la desigualdad sobre la sostenibilidad ambiental.  Un significativo avance en el análisis de las correlaciones entre desigualdad y vulnerabilidad ambiental lo constituyó el diseño del Índice de Vulnerabilidad Ambiental (EVI, por sus siglas en inglés) desarrollado por la Comisión de Geociencia Aplicada al Pacífico Sur (SOPAC por sus siglas en inglés).  El EVI, Incorpora tres aspectos de vulnerabilidad ambiental:  El nivel de riesgos que actúan en el medio ambiente (subíndice de Exposición al riesgo); la resiliencia del medio ambiente (subíndice de Resiliencia Intrínseca) y el nivel de degradación de los ecosistemas (subíndice de Degradación Ambiental).

El EVI fue definido como un promedio agregado para cada uno de los tres subíndices, en su primera aplicación para una evaluación inicial incluyó a tres países (Australia, Fiji y Tuvalu) y fue compuesto por 28 indicadores de riesgo, 8 indicadores de resiliencia y 18 indicadores degradación ambiental (Suarez, 2003).

El Estudio “Áreas de alta vulnerabilidad ambiental en América Latina y el Caribe: Una perspectiva regional a escala subnacional”, analizó dos dimensiones de la vulnerabilidad la externa y la interna integrando tres bases de datos con información sobre: desastres provocados por fenómenos naturales, población y pobreza, se utilizó un sistema de información geográfica que permitió identificar áreas de alta vulnerabilidad, el tamaño y la distribución de la población localizada en ellas y constatar la existencia de diferentes niveles de pobreza.  El estudio manifestó la importancia de considerar diferentes escalas en el análisis de la vulnerabilidad ambiental (Adamo, Razafindrazay y de Sherbinin, 2012).

Dentro de sus principales resultados, estableció que las áreas de alta vulnerabilidad ambiental se distribuyen heterogéneamente dentro de cada país relacionado con la densidad poblacional, la urbanización y los niveles de pobreza.  Se identificaron dos áreas de vulnerabilidad crítica, que combina un elevado riesgo de desastre, alta mortalidad y grandes pérdidas económicas y áreas de alta intensidad (frecuencia) de desastres que registran elevados niveles de mortalidad infantil considerados como variable representativa de pobreza, desigualdad y deterioro de las condiciones de vida.

El Estudio “Social-ecology: Exploring the missing link in sustainable development” revela importantes relaciones entre la desigualdad y la vulnerabilidad ambiental, afirmando que “La desigualdad reduce la aceptabilidad de las políticas ambientales y la capacidad para compensar los posibles efectos socialmente regresivos de las mismas”. (Laurent, 2015, traducción libre).  Detalla que en una sociedad donde la pobreza y la inseguridad económica están aumentando, la legitimidad de la preocupación ambiental disminuirá y cita el fallido intento del Gobierno francés del establecimiento de un Impuesto al Carbono ante el rechazo de los grupos sociales de bajos ingresos y analistas que argumentaban regresividad.

Adicionalmente, señala que la desigualdad hace más compleja y costosa, si no imposible, la implementación de mecanismos efectivos de compensación para contrarrestar los posibles efectos regresivos de ciertas políticas ambientales, dado que la cantidad de personas a compensar supera las capacidades en función de los recursos disponibles. Sin embargo, argumenta que la compensación social por políticas como los impuestos al carbono es un factor de economía política clave para la aceptabilidad e incluso la eficiencia económica. De hecho, todos los países y localidades que han establecido este tipo de instrumentos también han adoptado mecanismos de compensación para hogares y empresas superando así la resistencia inicial de estos grupos.  Un aporte importante del estudio es la definición de cuatro dimensiones para el análisis de los nexos entre desigualdad y ambiente en función de la vulnerabilidad. Siendo estas:

 

 

 

 

 

En la línea de los mecanismos compensatorios y la articulación de políticas públicas para la adopción de opciones prácticas de integración entre la dimensión ambiental y la reducción de la pobreza, recientemente la Republica Dominicana complementó los sistemas de medición de pobreza (en el marco de su sistema de Transferencias Monetaria Condicionadas TMC) con nuevas dimensiones de vulnerabilidad ambiental, integrando así al sistema de identificación de beneficiarios de los programas sociales, consideraciones ambientales y relativas a los riesgos climáticos.

 

El ejercicio les permitió incorporar la variable de vulnerabilidad ambiental en la metodología y herramientas del censo que maneja el Sistema Único de Beneficiarios (SIUBEN). Se adicionó el Índice de Vulnerabilidad a Choques Climáticos (IVACC) que calcula la probabilidad de que un hogar sea impactado por huracanes, tormentas e inundaciones, así como la vulnerabilidad relacionada con ciertas características socioeconómicas y físicas de la vivienda.

 

De acuerdo al estudio, para el caso de la República Dominicana, la evidencia sugiere que los nexos entre pobreza, degradación ambiental y vulnerabilidad a desastres se retroalimentan entre si agravando la situación de los hogares, por lo que la incorporación del IVACC les permite focalizar acciones e inversión pública, optimizar recursos y prevenir la perdida de inversión a través de un enfoque multidimensional de riesgo, lo que representa una buena práctica de integración de vulnerabilidad ambiental en política de protección social orientada a la disminución de la pobreza (PNUD, PNUMA, 2017).

El estudio “Amenazas al ambiente y vulnerabilidad social en Guatemala” realizado por el IARNA (2005) analiza la vulnerabilidad ambiental a través de la inferencia del análisis de las amenazas naturales, las provocadas por el hombre y el área o región donde afectan en mayor medida.  Bajo ese marco de análisis, determinó que la vulnerabilidad es probablemente debida a causas estructurales y que derivan del proceso de construcción de la sociedad misma. Hace énfasis en la disminución y fragmentación de la cobertura forestal proceso muy marcado en las partes altas de las cuencas.

El estudio señaló que la alteración de los ecosistemas provoca efectos indeseables en las poblaciones a través de inundaciones más graves, de deslizamientos, erosión, azolvamientos y otros fenómenos que aumentan la vulnerabilidad en general y crean un “círculo vicioso” ya que los efectos negativos sobre el ambiente paulatinamente incrementarán la vulnerabilidad de la población a los riesgos ambientales con el efecto final de profundizar la pobreza.

 

Las expresiones de la desigualdad y la vulnerabilidad ambiental

Las desigualdades afectan cómo el suelo disponible y los recursos son compartidos. Siguiendo a Leach, a escala mundial, nacional y local, ambiental; la escasez de recursos es rara vez un problema de disponibilidad, sino más bien de acceso y distribución en medio de desigualdades. Por ejemplo, la amenazas a la seguridad alimentaria para poblaciones en crecimiento, pueden relacionarse menos con la disponibilidad general de tierra productiva y agua y más de cómo se distribuyen estos recursos naturales (Leach, 2016).

De igual forma, la exposición y vulnerabilidad a fenómenos ambientales y los shocks también se ven afectados por las desigualdades. Como ejemplo, los impactos del cambio climático, la contaminación o la degradación de la tierra, la vegetación, el agua o acceso a la pesca se experimentan de manera diferente según las diferencias de clase, etnia o el lugar donde viven las personas.

De lo anterior, podemos establecer para su enfoque, las interrelaciones existentes entre desigualdad y vulnerabilidad ambiental en tres escalas:

 

 

 

Expresiones de la Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental en Guatemala

Uso de leña como principal energético

El uso de la leña como fuente energética está relacionado al nivel de pobreza y la ubicación de los hogares en áreas urbanas o rurales (INE, 2014). En el 2014 el 97.9% de los hogares en extrema pobreza empleaban leña; en los considerados pobres el 87.1% y los no pobres, el 50.1%. Según la ubicación a nivel urbano solo el 5.1% de los hogares empleaban leña, mientras que en el área rural el 93.4% la empleaba (INAB, 2015 Estrategia Nacional de Producción Sostenible y Uso Eficiente de Leña 2013 – 2014).

Los principales efectos de esta situación están vinculados a la contaminación intradomiciliaria causada por el humo de combustión de la leña. La relación entre consumo de leña y enfermedades respiratorias es positiva y altamente significativa, se estima que en los hogares que la utilizan aumenta en un 31% la probabilidad de contraer enfermedades respiratorias agudas o crónicas (INAB, 2015, Ídem).

Adicionalmente, los municipios de mayor déficit de leña coinciden con los municipios de mayores índices de pobreza y corresponden en buena medida a los municipios alta vulnerabilidad alimentaria y nutricional (INAB, 2015, Ibídem).  Adicionalmente, del análisis de correlación entre la variable de vulnerabilidad del Índice para la gestión de riesgo INFORM y el porcentaje de hogares que usan carbón o leña para cocinar los alimentos, se obtuvo que estos tienen un coeficiente de correlación de 69%, lo que se explica con el hecho de que los hogares que usan leña en mayor porcentaje deforestan su entorno, lo que genera una situación de mayor vulnerabilidad (INFORM, 2017).

Abastecimiento de agua y saneamiento

Para el año 2014, en promedio el 77.8% de los hogares guatemaltecos tenía acceso a fuentes de abastecimiento de agua, sin embargo, la desigualdad se presenta en que sólo el 64.4% de población rural tenía acceso a la misma, frente al 89% de la población urbana.  El acceso al agua y el saneamiento en las comunidades mejora de los estándares de vida.  Sus impactos pueden observarse en la sobre­vivencia de neonatos en condiciones precarias, la disminución de la tasa de mortalidad de niños menores de cinco años, el incremento de la permanencia de niños y niñas en la escuela (Informe Nacional del Desarrollo Humano 2015-2016).

 

Acceso a tierra productiva

La distribución y tenencia de la tierra productiva en Guatemala no obedece a criterios de sos­tenibilidad ni se enmarca en un modelo de desarrollo humano. Las limitaciones en el acceso parten de aspectos cualitati­vos, ya que solamente el 35% del total de los suelos, tiene aptitud para uso agrícola y el 65% tiene vocación forestal (un 16.8% cuenta con  cierta capacidad para cultivos agrícolas no arables en asocio con bosques; mientras el 48.2% es principalmente para la producción de bosques, así como zonas de conservación y protección de hábitats naturales).  En términos cuantitativos, el 21.9% de la superficie de las fincas censales del país está en manos del 92% de los agricultores, categorizados estos, como productores en infra subsistencia y subsis­tencia.  Los productores excedentarios conforman el 12.7% y ocupan el 6% de la tierra, mientras que el 2% restante, cuenta con el 65.4% de las tierras productivas.  Estas grandes extensiones son utilizadas regularmente en monocultivos, los que tienen un alto impacto en suelos y agua (Informe Nacional del Desarrollo Humano 2015-2016).

 

Esta estructura agraria, trae como consecuencia un círculo vicioso de  empobrecimiento, inseguridad y pérdida de soberanía ali­mentaria, altos índices de desnutrición y la degradación ambiental por la pérdida de suelos, deforestación y uso intensivo de las fuentes de agua.

 

Acceso a espacios habitacionales adecuados

Los mercados de tierras que funcionan inadecuadamente y, en especial, el precio prohibitivo del recurso, llevan a familias de bajos ingresos a establecerse en las periferias de las ciudades, frecuentemente en pronunciadas laderas y barrancos, llanuras inundables y suelos frágiles propensos a deslizamientos de tierras y lodo, en este tipo de asentamientos humanos (denominados tugurios) no existen servicios básicos y las obras de construcción no se rigen por reglamentos de seguridad de ningún tipo. Predomina la construcción por cuenta propia, lo que da lugar a edificios inseguros, en que no se han tenido las necesidades de preparación para desastres y respuesta a los mismos (OEA, 2014).

 

La información estadística disponible muestra un deterioro en la proporción de la población urbana que vive en tales condiciones, al pasar del 45 por ciento durante el periodo 2000-2011  a un 48.93 por ciento en el 2014 (Encuestas de Condiciones de vida Encovi de 2000, 2006 2011 y 2014). Esto se encuentra estrechamente correlacionado con el deterioro observado en la incidencia de pobreza (general y extrema).

 

Vulnerabilidad a desastres provocados por fenómenos naturales

La vulnerabilidad asociada con las múltiples amenazas derivadas de los fenómenos geológicos, antrópicos e hidrometeorológicos (estos últimos exacerbados por el cambio climático) hace que Guatemala se considere como uno de los países con mayor riesgo en el mundo. Esto, relacionado con las condiciones de inseguridad alimentaria, pobreza y poca capacidad del Estado para dar respuesta a las necesidades de la población, configura un escenario poco favorable para alcanzar un desarrollo humano sostenible.

(CONADUR, Segeplán 2014).

Derivado de su posición geográfica y sus altos índices de vulnerabilidad, el país muestra una alta exposición a desastres ocasionados por fenómenos naturales (Geológicos: Terremotos; erupciones volcánicas, e Hidrometeorológicos: Tormentas tropicales; inundaciones; y sequías).  En función de esa exposición, Guatemala ha experimentado un alto número de eventos de impacto severo. Del total de fenómenos observados, las tormentas tropicales e inundaciones son los eventos más frecuentes, representando el 46%; mientras que los sismos representan el 16%, Erupciones volcánicas 14%, los deslizamientos el 13% y los eventos de sequía el 6% (MINFIN, 2017).

La estimación del impacto económico por desastres sobre el Producto Interno Bruto del año de ocurrencia, muestra que el Terremoto de 1976 tuvo un impacto de (10.8%); Mitch 1998 (5.1%); Stan 2005 (3.7%); el impacto conjunto de la tormenta Agatha y la erupción del volcán Pacaya en 2010 (2.4%); Tormenta 12E del 2011 (0.7%); el Terremoto de 2012 en San Marcos (0.3%) y el evento de Canícula Prolongada de 2014 se estima en (0.1%). Las principales perdidas y los daños se han concentrado en infraestructura de (viviendas, transporte y comunicación), medios de vida, daños al ambiente. Además, los recursos fiscales disponibles han sido insuficientes para atender los procesos de reconstrucción lo que ha derivado en el incremento del déficit fiscal y en el nivel de endeudamiento, además de un costo de oportunidad importante para la atención de otras necesidades de desarrollo (MINFIN, ídem).

De mantenerse la tendencia, los futuros eventos extremos representarán pasivos contingentes de considerable magnitud. La ausencia de mecanismos eficientes de preparación y atención de emergencias y de una adecuada planeación financiera para crea dificultades y demoras en la respuesta, lo que podría agravar las consecuencias en términos de pérdidas humanas y económicas. En términos fiscales, la creciente exposición y la vulnerabilidad exacerbada pueden potencialmente agravar la tendencia creciente en las pérdidas económicas causadas por desastres y en el mediano y largo plazo, comprometer la sostenibilidad fiscal del Estado (MINFIN, Ibídem).

Conclusiones

La relación entre Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental, es una espiral ascendente que surge, del uso no sostenible de los recursos, los crecientes niveles de contaminación; que provocan: la degradación de la base natural, limitado acceso a bienes y servicios ambientales, incremento en la exposición al riesgo de desastres, lo que a la vez limita las posibilidades de las comunidades de salir de la pobreza.

Es posible definir al menos cuatro dimensiones para el análisis de los nexos entre desigualdad y ambiente: Las de exposición, acceso, cantidad y calidad a los recursos naturales.  Impacto entre diferentes individuos y grupos relacionados con sus ingresos y estilos de vida.  Las que son producto de la formulación de políticas ambientales bajo una participación desigual de individuos y grupos en las decisiones relativas a su ambiente y Aquellas producto de la política pública sobre la distribución de los ingresos y el efecto social entre individuos y grupos.

Para nuestro país es posible establecer relaciones positivas entre la Desigualdad y Vulnerabilidad Ambiental en el uso de leña como principal energético; la desigualdad en la cobertura de los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento; la inequidad en el acceso tanto a la tierra productiva como a espacios habitacionales adecuados y la creciente vulnerabilidad a desastres provocados por fenómenos naturales.

Recomendaciones

Focalizar las acciones de política ambiental y de inversión pública bajo un esquema multidimensional de riesgo que permita optimizar recursos y prevenir la perdida de inversión, orientada a la disminución de la pobreza, el uso sostenible de los recursos, las disminución de los niveles de contaminación y el aumento de la resiliencia, para absorber los impactos y mejorar las condiciones de vida de las comunidades.

Para contrarrestar los posibles efectos regresivos de las políticas ambientales, es necesario  analizar la adopción de mecanismos de compensación para hogares y empresas para disminuir la resistencia ante la implementación de las políticas públicas tendentes a la mejora de la calidad ambiental y el combate a la pobreza y la desigualdad.

 

Referencias

Adamo, Razafindrazay y de Sherbinin, (2012) “Áreas de alta vulnerabilidad ambiental en América Latina y el Caribe: Una perspectiva regional a escala subnacional” publicado en: “Notas de Población Número 94”. Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE).

Brajer, V., Mead, R., & Xiao, F. (2010). “Adjusting Chinese income inequality for environmental equity”. Environment and Development Economics pag. 341-362.

Bergel, Salvador Darío, (1992).  “Desarrollo sustentable y medio ambiente: La perspectiva latinoamericana”. Revista del derecho industrial, año 14 mayo-agosto 1992. No. 41.

Blaikie,Piers; Canon,Terry; Davis, Ian; Wisner Ben. (1996) “Vulnerabilidad, el entorno social, político y económico de los desastres”. Red de Estudios Sociales en Prevención de Desastres en América Latina.

Campos-Vargas, Milagros; Toscana-Aparicio Alejandra; Campos Alanís, Juan (2015) “Riesgos socionaturales: vulnerabilidad socioeconómica, justicia ambiental y justicia espacial”. Cuadernos de Geografía: Revista Colombiana de Geografía 24 (2): 53-69.

CELADE Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (2012) “Notas de Población Número 94”. División de Población de la CEPAL.

CICS/IED/UNESCO (2016). Informe Mundial sobre Ciencias Sociales (2016) “Afrontar el reto de las desigualdades y trazar vías hacia un mundo justo”. Ediciones UNESCO, París (Francia).

Consejo Nacional de Desarrollo Urbano y Rural CONADUR, Secretaria de Planificación y Programación de la Presidencia, Segeplan (2014) “Plan Nacional de Desarrollo K’atun: nuestra Guatemala 2032”.

CONRED Consejo Nacional para la Reducción de Desastres (2012), “La Vulnerabilidad Asociada a los Desastres. “Un Marco Conceptual para Guatemala”.

Duncan. Green (2008) “De la pobreza al Poder: Cómo pueden cambiar el mundo ciudadanos activos y Estados eficaces”. Oxfam. Primera Edición, junio 2008.

Escobar, Jairo (1999) “Fenómenos Climáticos y vulnerabilidad: La ecuación determinante de los desastres. El caso de los pequeños Estados Insulares en desarrollo”. División de Recursos Naturales e Infraestructura. CEPAL.

Esparza Miguel, Diaz Marco, (2013). Universidad Autónoma de Zacatecas “Revista Observatorio del Desarrollo volumen II, número 6. Abril-Junio de 2013”. Disponible en línea: https://issuu.com/comunicacionsocialuaz/docs/observatorio_del_desarrollo_v.2__n.

Göbel, Bárbara, Góngora-Mera, Manuel, Ulloa Astrid (2017) “Desigualdades socioambientales en América Latina”. Universidad Nacional de Colombia (Sede Bogotá). Facultad de Ciencias Humanas.

Gómez, José Javier (2001) “Vulnerabilidad y Medio Ambiente”. Seminario Internacional Las diferentes expresiones de la vulnerabilidad social en América Latina y el Caribe Santiago de Chile, 20 y 21 de junio de 2001.

IARNA Instituto de Agricultura, Recursos Naturales y Ambiente (2005) “Amenazas al ambiente y vulnerabilidad social en Guatemala”. Documento Técnico del Perfil Ambiental de Guatemala. Universidad Rafael Landívar, Facultad de Ciencias Ambientales y Agrícolas.

Ibarrarán, María Eugenia (2016). “Adaptación al cambio climático y desarrollo económico”. Universidad Iberoamericana Puebla. Primer Foro Nacional del Adaptación al Cambio Climático. Ciudad de México. Disponible en línea: http://slideplayer.es/slide/10577355/

INAB Instituto Nacional de Bosques (2015) “Estrategia Nacional de Producción Sostenible y Uso Eficiente de Leña 2013 – 2014”.

Índice para la gestión de riesgo INFORM (2017) Uso de INFORM para evaluar el riesgo de crisis y catástrofes en un País o Región Notas orientativas.

Laurent, Eloi (2015). “Social-ecology: Exploring the missing link in sustainable development” OFCE/Sciences-po, Stanford University 2015-07.

Leach, Melissa (2016) “Inequality and sustainability” artículo publicado en el Informe Mundial de Ciencias Sociales, 2016.

Ministerio de Finanzas Públicas MINFIN (2017) “Riesgos Fiscales” separata para el Proyecto de Presupuesto General de Ingresos y Egresos del Estado para el Ejercicio Fiscal 2018.

OEA Organización de Estados Americanos (2014). “Desigualdad e inclusión social en las Américas: 14 ensayos”.

PNUD, PNUMA (2017). “Articulando la Política Social y Ambiental para el Desarrollo Sostenible”. Opciones para América Latina y el Caribe.

PNUMA Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, (2017). “Articulando la política social y ambiental para el desarrollo sostenible, opciones prácticas para América Latina y el Caribe).

Rygel, L., D. O’Sullivan y B. Yarnal (2006), “A Method for Constructing a Social Vulnerability Index: An Application to Hurricane Storm Surges in a Developed Country.” Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change. Springer.

Sánchez Vargas, Armando, Gay García, Carlos, Estrada Porrúa, Francisco, Cambio climático y pobreza en el Distrito Federal. Investigación Económica. Disponible en línea:<http://construcwww.redalyc.org/articulo.oa?id=60121367004> ISSN 0185-1667.

Suarez, Dora (2003). “Sumario de indicadores e índices relacionados con la evaluación de la vulnerabilidad, la amenaza y el riesgo por eventos naturales”. Programa de información e indicadores de gestión de riesgos de desastres naturales. BID-CEPAL-IDEA.

Turner, Roger E. Kasperson, Pamela A. Matson, James J. McCarthy, Robert W. Corell, Lindsey Christensen, Noelle Eckley, Jeanne X. Kasperson, Amy Luers, Marybeth L. Martello, Colin Polsky, Alexander Pulsipher and Andrew Schiller (2003) “A framework for vulnerability analysis in sustainability science).  Disponible en línea: http://www.pnas.org/content/100/14/8074.full

 

Notas de pie

[1] El autor agradece la colaboración de la Inga. Fabiola Beatriz Ramirez Pinto y del Lic. Jorge Guillermo Escobar en la elaboración de este trabajo.